Los
Wounaan 
Los Wounaan explican su procedencia a través de su tradición
oral, contando que Ewandam (su Dios mitológico) los creó
en un lugar de la playa de Charambará, en el delta del río
San Juan y otros afirman que fue en Pizarro. Así como también
relatan sus procesos de poblamiento y los múltiples enfrentamientos
con los Tule (Cuna) por el territorio con quienes se enfrentaron
en el Río Bebedó, en Cajón, en Sivirú,
en Remolino y en la quebrada de los Wounaan tienen una forma especial
de adorar a Ewandam, por medio de una ceremonia colectiva llamada
rogativas que dura varios días, por medio del cual invocan
su intervención para evitar enfermedades o fenómenos
naturales, para pedir protección de los males, que las siembras
salgan bien y haya alimentos para todos y para que el fin del mundo
se postergue. En ella se emplea una canoa pequeña, llamada
Taik K¨ierr, es acompañada musicalmente por los niños,
con una especie de Capador denominado Tokemia, esta celebración
cada vez se práctica menos y se encuentra en vía de
desaparición. Han establecido con los Eperara Siapidaara
fuertes lazos de relación, lo que ha hecho que en algunas
comunidades Wounaan (especialmente las del delta del San Juan),
asuman la figura espiritual de la Tachinawe o Comadrona, así
como el baile de Carichipare y el Aguacerito. Su lengua materna,
que aún conservan, es el Woun Meu.
(tomado de Lo que queremos y pensamos hacer en
nuestro territorio, Orewa, Quibdó,2000)
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Los Tule
El pueblo Tule o Cuna pertenece a la familia Lingüística
Chibcha. Tiene como particularidad cultural que su idioma comporta
dos variedades dialectales dependiendo de los espacios donde es
expresado: la actividad cotidiana y en los ritos y ceremonias. Actualmente
la población Cuna en el departamento sólo alcanza
a 281 personas, ubicadas en la comunidad de Arquía, municipio
de Unguía, la razón de este bajo número poblacional
radica en las migraciones que a partir de la mitad del siglo pasado
han realizado al archipiélago de San Blas, Panamá;
debida fundamentalmente a los enfrentamientos con los pueblos Embera
y Wounaan, a la colonización y al agotamiento de sus recursos.
La organización social de los Cuna es descentralizada, cada
comunidad tiene un Saila, cabeza política con funciones de
vocero y árbitro, quien puede imponer multas y trabajos a
las personas que violan las normas de la comunidad. Sin embargo,
el poder y el control social lo comparte con una institución
llamada Onmoket, en la cual se toman las decisiones trascendentales
y se controla la actividad del Saila.
(tomado de Lo que queremos y pensamos
hacer en nuestro territorio, Orewa, Quibdó 2000)
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Los
Embera
Son el pueblo indígena más
extendido de Colombia, habitan en los departamentos de Córdoba,
Chocó, Antioquia, Risaralda, Caldas, Cauca, Nariño
y Caquetá y es el más numeroso de los que habitan
el Chocó. Sus mitos de origen dan cuenta de su creación
en las playas del Baudó de donde iniciaron su recorrido.
Culturalmente se han caracterizado por ser cazadores, pescadores,
alfareros, artistas, labradores de canoas, constructores de tambos
y agricultores. Mantienen el pensamiento propio, con las diferentes
formas de transmisión del conocimiento (tradición
oral, observación, experimentación, celebraciones
rituales). La mayor autoridad espiritual es el Jaibaná, quien
cumple una importante función de control cultural y manejo
territorial. La gran mayoría habla perfectamente su idioma.
Los Katíos la base del mundo Katío gira en torno a
la palabra son mayoría y los Tabarau. Ellos son los responsables
de que este mundo se siga manteniendo, son los encargados de entregar
la palabra, por esto, cuando hay una reunión dentro o fuera
del territorio, se enviará a la persona con mejor capacidad
de entregar la palabra. (Murcia, 1993). Los Chamí Existe
la discusión, entre los académicos, de si los Chamí
deben ser considerados como parte del extenso pueblo Embera o como
un pueblo aparte. Lo que es importante es que ellos mismo se consideran
al igual que los Katíos como Embera de montaña. Son
un grupo con alta capacidad de migración por ello se ven
grupos Chamí en el Cañón del Garrapatas, Valle,
y en Caquetá.
(Tomado de Lo que queremos y pensamos hacer en
nuestro territorio, Orewa, Quibdó 2000)
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El Cpi Y La Historia
Reciente Del Chocó
Sin lugar a equívocos en los últimos veinticinco años,
el CPI ha jugado un papel trascendental en la historia reciente
de la región a nivel social y eclesial.
En primer lugar, rompe con 70 años
de una acción pastoral indígena orientada hacia los
internados al mejor estilo colonial, al instaurar una auténtica
pastoral indigenista que partiera de la experiencia de Dios, que
históricamente han tenido estos pueblos, reconociendo sus
valores, su cultura, y sus propias expresiones religiosas, lo cual
es novedoso no sólo en el concierto regional, sino nacional.
En segundo lugar, el trabajo adelantado
cimentó y construyó junto con los indígenas,
la OREWA, contribuyendo directamente el CPI en la creación,
gestación y crecimiento de la misma. La organización
ha ganado la capacidad de orientar el movimiento indígena
bajo cuatro ejes de acción: Defensa del territorio, la cultura,
la unidad y la autonomía. Haber contribuido a la creación
de la Orewa rompe con 500 años de sometimiento que las etnias
que habitan la actual Chocó habían estado sujetas;
Pues mediante esta canalizan sus aspiraciones y reivindicaciones
en las esferas del poder político, económico y en
la revaloración de sus culturas, como pueblos históricamente
conocidos.
En tercer lugar, ha dinamizado el
quehacer pastoral de la comunidad claretiana. Del entonces vicariato
de Quibdó y de la actual Diócesis de Quibdó,
pues los mayores esfuerzos teóricos y prácticos se
han centrado en llenar de contenido la realización de una
pastoral específica para los indígenas, habiéndose
avanzado en este terreno, al punto tal de estar trabajando la Teología
india con las mismas comunidades.
En cuarto lugar, ha asumido una práctica
pastoral que sobrepasa los límites de lo estrictamente evangélico,
para ganar presencia en dimensiones de carácter más
político, al confrontar las estructuras de muerte y opresión
agenciadas por el Estado, con sus planes para el Pacífico
y la violación de los derechos humanos al conjunto de la
región.
En quinto lugar, aparte de protagonizar
la lucha del movimiento indígena, ha dinamizado el trabajo
interétnico con las comunidades negras, al igual que ha impulsado
la pastoral urbana y afroamericana, como la pastoral campesina,
con apoyo decidido en aportes teóricos y de trabajo.
En sexto lugar, ha canalizado y conciliado
los diversos conflictos que han presentado las comunidades indígenas
entre sí y los conflictos interétnicos de orden territorial,
al igual que ha divulgado lo concerniente a legislación indígena
y la reciente ley 70 de negritudes.
De otro lado, ha generado toda una
política de etnoeducación rompiendo con el modelo
occidental, etnocéntrico que durante un siglo se había
impartido entre las comunidades indígenas.
En conclusión, hablar históricamente
del Chocó las últimas 3 décadas indispensablemente
hay que referenciar al CPI punto obligado de reflexión historiográfico,
ya que su accionar realizó los puntos de quiebre que en un
período de larga duración (500 años) no se
habían realizado, dentro de la historia social de la región.
Por lo tanto, queda la tarea de abrir la discusión y llenar
de contenido el desarrollo de esta misma reseña, que más
que una historia del CPI, pretende ser un material de análisis
y reflexión que ilumine el futuro caminar de este quijotesco
proyecto que aún pervive y sigue permeando la historia actual
y porvenir del Chocó y del Pacífico Colombiano.
(tomado de Reseña historica centro de pastoral
indigenista, Carlos Alirio Florez, Quibdó, 1996)
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