Una ventana del Pacífico colombiano para la defensa de la Vida, el Territorio y la soberanìa de los pueblos.
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Asociación Acia


¿QUIENES SOMOS?

Una asociación de hombres y mujeres que luchamos por el bien común de nuestras comunidades y por el futuro de nuestros hijos defendiendo nuestro derecho al territorio, preservando los recursos naturales para formular un modelo de desarrollo desde nuestra visión y cultura como pueblo negro.

PRINCIPIOS BASICOS DEL ETNODESARROLLO


MEJOR CALIDAD DE VIDA

El desarrollo que queremos debe tener como premisa fundamental el mejoramiento de nuestra calidad de vida, entendida no sólo como el cubrimiento de las necesidades básicas insatisfechas, sino también como la posibilidad de cumplir nuestras aspiraciones como pueblo, como comunidades y como individuos.

CONSERVACIÓN

El modelo de etnodesarrollo que vamos a implementar, las actividades económicas que se van a desarrollar y las tecnologías que se van a utilizar deben enmarcarse en el principio de preservar el territorio, buscando la mayor independencia posible de recursos externos manteniendo la seguridad alimentaria familiar, local y regional.

AUTONOMIA

Para lograr un desarrollo real, las actividades que implementemos en nuestro territorio deberán basarse en el fortalecimiento del derecho principio y la autonomía de las comunidades para decidir y participar como dueños, socios y administradores de las empresas y procesos desarrollados en sus territorios, buscando la mayor identidad posible de recursos externos y manteniendo la seguridad alimentaria, familiar, local y regional.

CULTURA

El modelo de etnodesarrollo que queremos debe fortalecer en todos los ámbitos nuestra identidad cultural como pueblo negro para proyectarnos hacia el futuro en un modelo globalizado, con normas e instituciones tradicionales y según nuestra forma de percibir el mundo como grupo étnico.

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LOS ORIGENES DE LA ORGANIZACION

El impulso de las Comunidades Eclesiales de Base

En 1982, los campesinos negros del Medio Atrato estaban en un proceso de concientización, impulsado por las Comunidades Eclesiales de Base. Fueron muy importantes las reuniones de discusión y análisis de la problemática de las comunidades y las jornadas de capacitación en las que contaron con el acompañamiento del equipo misionero claretiano, conformado por religiosos y seglares. Allí se hizo evidente que la colaboración de todas las comunidades negras del Medio Atrato era definitiva para encontrar solución a sus problemas. La unidad y la solidaridad orientarían desde entonces el esfuerzo por consolidar una organización.

En este recorrido fue especialmente significativo el taller de comunidades Eclesiales de Base Realizado en la Comunidad de Beté, en 1982. Allí los campesinos vieron, con el Padre Gonzalo de la Torre, que constituirse formalmente en organización era lo que más les convenía.

Más que haber nacido como una organización de la iglesia católica, la organización campesina se conformó por un motivo religioso, que impulsó a los campesinos a prepararse como líderes y como personas organizadas y a mantener la reflexión sobre su vida y sus problemas. Las comunidades negras del Medio Atrato tienen fuertes raíces religiosas, heredadas de un pasado que las hace comunidades afroamericanas en Colombia.

Diferentes talleres realizados en las comunidades, en los cuales se trabajan dinámicas que les ayudaron a ver el alcance de la participación y de la representación, definieron el carácter y la forma que tomaría la organización. De estos eventos quedaron enseñanzas como el valor de la participación de las mujeres en le trabajo organizativo, la importancia de discutir los problemas y las propuestas de solución, así como la toma de decisiones en conjunto, y el significado y la responsabilidad de la representación de la comunidad.

Vale la pena recordar que en esos momentos – cuando la s distintas comunidades del Medio Atrato empezaban a formarse y a capacitarse con miras a la organización-, la preocupación fundamental, aún vigente, por supuesto, era mejorar la calidad de vida. Por eso, buscaban encontrar alternativas productivas a las cuales aplicar las ideas de organización que estaban madurando.

Como se verá más adelante, un tiempo después, cuando su territorio se vio amenazado, las comunidades buscaron la forma de defender lo que había sido suyo después de la lucha por la libertad: la tierra de sus ancestros.

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Reflexión conjunta

En 1984, muchos representantes de las comunidades del Medio Atrato fueron a Quibdó con motivo de los 75 años de la llegada de los Misioneros Claretianos al Chocó. Estaban invitados a una semana de foros y reflexiones sobre la situación de las comunidades en relación con la educación, la salud, el transporte, los servicios públicos, la población infantil y los ancianos, entre otros temas.

En estos foros, los campesinos confrontaron a los funcionarios del gobierno y pusieron sobre la mesa los problemas que tenían debido al abandono del Estado. Expresar allí la necesidad de lograr mejores precios para sus productos y la urgencia de mejorar su calidad de vida, les mostraba cada vez más claramente la necesidad de organizarse como comunidades del Medio Atrato.

En el mismo año, otro hecho los llevaría a la misma conclusión: en una reunión en le barrio La Esmeralda en Quibdó, miembros de las comunidades querían hablar de sus problemas con funcionarios de Codechocó y con el entonces gobernador del Chocó. Éste dijo que no hablaría con ellos hasta que no estuvieran organizados. Así, en esa reunión tomó más fuerza la idea de organizarse. Definitivamente, estaban seguros de la necesidad de unificar criterios y reunir esfuerzos para defender y reclamar lo que les correspondía.

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El territorio en peligro

A finales de 1983 y comienzos de 1984 llegaron a algunas comunidades del río Atrato y a afluentes como el Buey, Bete, Tagachí, Tanguí y Munguidó, ingenieros de las compañías Pizano S.A., Cartón de Colombia y Maderas del Darien. Venían a abrir trochas y a investigar sobre los recursos madereros de la región. Estas compañías, que habitualmente explotaban los bosques en el Bajo Atrato, ya los habían agotado.

Los ingenieros contrataron a personas de las mismas comunidades para abrir trocha e indicar cuales eran los árboles maderables. En la mayoría de las comunidades, muchos campesinos, desconociendo las implicaciones que esto tenía y con una gran necesidad de obtener ingresos, aceptaron el trabajo.

Sin embargo, gracias al proceso de formación que estaban adelantando y a lo que empezaban a presenciar en sus bosques, las comunidades expresaron su inquietud frente a las actividades de esas empresas y se empezó a hablar del problema. De ahí en adelante, el tema del peligro que corrían el territorio del Medio Atrato y sus habitantes frente a la explotación de los bosques fue central en todos los eventos realizados por los campesinos.

Entre el 21 y el 23 de septiembre de 1984 se llevó a cabo en Beté el Primer Encuentro Campesino, luego de convocar, con el apoyo de los equipos misioneros, a la mayoría de las comunidades de las zonas 3,4,5,1y 2. La reflexión sobre las forma de vida de las comunidades, el análisis de la situación que vivían y la urgencia de organizarse fueron los puntos centrales del evento. El Segundo Encuentro Campesino, que dio continuidad al anterior, fue celebrado en las Mercedes, entre el 14 y el 16 de diciembre de 1984. Siguiendo la misma línea, entre el 13 y el 15 de septiembre de 1985 se llevaron a cabo congresos subzonales en Tanguí, Beté y Boca de Bebará.

Luego, 33 campesinos del Medio Atrato participaron en el Segundo Foro Campesino de Pueblos del Norte y Asamblea de Acciones Comunales, realizado en Titumate, Chocó, entre el 1° y el 2 de octubre de 1985. Allí tuvieron conocimientos de la problemática del norte chocoano y vieron la difícil situación que se podía presentar en las comunidades del Medio Atrato si no se organizaban para impedir las actividades de las empresas madereras.

El foro de Titumate fue una gran experiencia para las comunidades del Medio Atrato. Éstas participaron en el evento para conocer algunas formas de organización. Y aunque no copiaron el modelo organizativo, sí les sirvió mucho ver a otros campesinos, como ellos, luchando por sus derechos y reclamando al gobierno por su abandono.

El viaje a Titumate marcó la memoria de todas las personas que participaron en los orígenes de la organización: se realizó en un barco de hierro de Coopescur, que las recogió en Tagachí, en donde estaban reunidas para reflexionar sobre la situaciones del Medio Atrato. De Tagachí, salieron a Riosucio, donde durmieron para partir de madrugada hacia Acandí. La difícil entrada al mar presagiaba a las presentes lo que iba a ser su lucha.

Para cerrar esta parte de la historia, puede decirse que, además de la necesidad de defender sus recursos naturales, asegurar la propiedad legal de la tierra que habitaban y detener las actividades adelantadas por las empresas madereras mencionadas – que podrían terminar en una concesión-, para los campesinos resultaba muy urgente organizarse para encontrar salidas a los problemas de educación, salud, recreación, transporte, servicios básicos, comercialización de productos y fuentes de trabajo.


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La defensa de los recursos naturales

En esta situación, los cursos sobre recursos naturales fueron un espacio para que las comunidades compararan la forma en que ellas aprovechaban, manejaban y conservaban la naturaleza con la devastación que llevaban a cabo las compañías madereras en otras zonas del Pacífico. Definitivamente , era prioritario hacer frente al problema de la tierra. Si no se oponían a los proyectos de estas compañías, estaba en juego su futuro, su existencia misma.

Se realizó, entonces, un taller para conocer la legislación agraria y definir los pasos que la organización campesina debía seguir. Este evento tuvo lugar en Amé, entre el 6 y el 8 de diciembre de 1985. Una de las conclusiones, que desde entonces orientaría sus luchas, era la necesidad de lograr la legalización de la propiedad de los territorios mediante un tipo de titulación que respondiera a las prácticas de manejo y aprovechamiento de los recursos naturales gracias a las cuales se había podido conservar hasta entonces el equilibrio del ecosistema.

Es necesario precisar que una limitación que se presentaba para avanzar en la titulación de tierras a los campesinos era que el territorio del Medio Atrato estaba incluido en la zona de reserva forestal del Pacífico, creada por la ley 2ª de 1959. La categoría de reserva forestal de las tierras ocupadas por las comunidades daba al Estado el derecho de propiedad sobre estos terrenos considerados ‘’baldíos nacionales’’. La ley definía, además, que en esta área el gobierno debía formular un plan de ordenamiento forestal y que podría sustraer zonas para dedicarlas a la actividad agropecuaria.

Una de las alternativas que las comunidades negras del Medio Atrato analizaron para legalizar la posesión de su territorio ancestral, fue la propuesta de titulación individual presentada por el Incora, la misma que esta entidad desarrollaba en todo el país, desconociendo las particularidades geográficas, culturales y étnicas de cada región. Tal propuesta, que incluía el levantamiento de la reserva forestal de las áreas solicitadas en titulación, resultaba contradictoria con la concepción y el manejo del territorio propios de las comunidades negras.

Entre las condiciones que exigía el incora para adelantar la titulación individual estaban tener marcados cuatro linderos y tener trabajadas tres cuartas partes del terreno a titular. Con respecto a la primera, las comunidades tradicionalmente definen el área de sus lotes sólo con tres linderos, dos colindantes y el del frente; por otra parte, la rotación del cultivos y de parcelas que practican los campesinos para dejar descansar los suelos, teniendo en cuenta sus condiciones biofísica, hacía que no pudieran cumplir con la segunda.

Así con la certeza de que los títulos de propiedad individuales no respondían a sus formas culturales de relacionarse con el territorio, las comunidades propusieron a Codechocó, el Incora y el Ministerio de Agricultura, entidades oficiales encargadas de la conservación y explotación de los recursos naturales y de la titulación de tierras, que se exploraran alternativas de titulación que les reconocieran la propiedad del bosque.

Cada una de las comunidades afectadas elaboró un memorial en el que presentó a esas entidades las inquietudes y propuestas de la organización campesina con relación al tema de la titulación, respaldado con las firmas de los campesinos.


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La creación de la ACIA, esperanza de vida para los campesinos.

La creación de la Asociación Campesina Integral del Atrato, ACIA, fue una esperanza de vida para las comunidades negras del Medio Atrato. Una tarea prioritaria para la ACIA fue buscar una alternativa que reconociera los derechos de las comunidades negras mediante un titulo. Sin embargo, como ya se mencionó, la ley 2ª de 1959, que, entre otras, había declarado zona de reserva forestal a gran parte del Pacífico, representaba un obstáculo, pues, desconocía la posesión de las tierras que tradicionalmente habían ocupado las comunidades negras del Medio Atrato, y dejaba exclusivamente en manos del Gobierno las decisionges sobre el uso y el aprovechamiento de los recursos naturales de la zona.

Por otra parte, el propósito de la organización era buscar para sus miembros y para las comunidades y zonas del Medio Atrato una mejor calidad de vida. En este sentido se planteaban los siguientes ejes de trabajo: impulsar procesos que permitieran un desarrollo integral de las comunidades, mejorar la armoníacon le entorno mediante la promoción y el apoyo de planes y acciones encaminadas a defender el equilibrio ecológico de la zona, y garantizar el futuro de las comunidades en cuanto grupos con derecho a conservar su identidad.

Esto orientaba el trabajo hacia la búsqueda de un desarrollo económico y un bienestar social acorde con las tradiciones de las comunidades, así como al fortalecimiento de los valores culturales.

Teniendo en mente este horizonte, entre 1986 y 1987 las comunidades elaboraron los estatutos de la ACIA, que fueron aprobados en una reunión realizada en Puné, este último año, con líderes de diferentes comunidades. Allí fue nombrada la primera Junta Directiva, conformada por cinco personas de Puné, pues, como la Asociación no contaba con sede ni presupuesto para mantener alejados a los líderes de sus comunidades y actividades, se decidió que las Juntas estuvieran conformadas por personas de una misma comunidad.

Esta primera Junta tuvo a su cargo adelantar las actividades requeridas para el nacimiento oficial de la organización, entre ellas, la consecución de la personería jurídica. Así, la organizcaión campesina se conformó como Asociación Campesian Integral del Atrato, ACIA, con personería jurídica número 0238 del 18 de mayo de 1987, emanada del Ministerio de Agricultura.

Entre el 19 y el 21 de junio de 1987, en Buchadó, se llevó a cabo el Segundo Foro Campesino del Medio Atrato, convocado por la ACIA. Asistieron cien campesinos representantes de 35 pueblos desde Quibdó hasta el río Bojayá; una comisión de cinco personas del Departamento Nacional de Planeación, DPN, presidida por Enrique Sánchez; el director de Codechocó, Jorge Rivas; el director del Proyecto DIAR, J. Van Der Zee, acompañado por el equipo encargado del programa de bosque comunales; un representante del movimiento Cimarrón, Juan de Dios Mosquera; un representante del Movimiento Cívico del Chocó, Eulides Blandón, conocido como Kunta Kinte; un representante de la organización indígena Embera Wounaan, Milciades Chamapuro; y los Equipos Misioneros del Medio Atrato.

El foro fue de vital importancia para las comunidades del Medio Atrato, pues uno de los objetivos del evento era lograr acuerdos concretos con entidades gubernamentales sobre el manejo y la administración de los recursos naturales en la zona. El acuerdo de Buchadó, el Acta de Compromiso de Bellavista, los Acuerdos 20 y 21 del 9 de junio de 1988 y convenios celebrados entre Codechocó y la ACIA son fruto del trabajo impulsado en el foro.

(tomado de Medio Atrato Territorio de Vida, Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato, Quebecor Worl S.A., Bogotá, 2002)

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