
Reedición de Los muertos no hablan (primera y segunda edición de 2002 y 2003) con motivo de la conmemoración del crimen de guerra de Bojayá.
Como si fuera en este mismo instante, mi memoria evoca el momento en que escuché por primera vez lo que estaba pasando en Bellavista-Bojayá. Sí, me acuerdo que el 2 de mayo de 2002, me encontraba, hacia las tres de la tarde, en una de las acostumbradas sesiones de reflexión con los indígenas en el tambo de la OREWA, en Quibdó. De repente me interrumpió una llamada avisándome que algo grave estaba pasando en Bojayá, pero no se tenían certezas. De inmediato, me dirigí al Convento donde ya estaba reunido el equipo de la Comisión Vida, Justicia y Paz de la Diócesis de Quibdó. Todos estábamos preocupados porque no había información exacta. Para la época no había señal de celular en el Medio Atrato, sólo había una estación de telefonía rural de servicio público, así que se debía recurrir a la muy escasa telefonía satelital.




